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Pontificia Universidad Javeriana

Forme, présence, émotion : éléments pour une approche affective du passé

Abstract

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El giro lingüístico tuvo como consecuencia, en el campo de la filosofía de la historia, un creciente interés por la dimensión narrativa de la disciplina. La publicación de Metahistoria de Hayden White en 1973 marcó un punto de inflexión decisivo, en la medida en que la obra reivindica el carácter artístico y creativo de la historia. Tesis como «la forma del relato constituye su contenido mismo» implican que el pasado no se manifiesta a través de la forma, sino que es esta la que le impone sus atributos. Ahora bien, esto no debe entenderse como una negación de los hechos históricos. Se trata, más bien, de reconocer que, antes de proponer explicaciones sobre un acontecimiento, el historiador debe primero constituirlo como objeto de investigación. Esta tarea exige tanto conocimiento como imaginación. Para White, los criterios que permiten decidir entre distintas teorías históricas obedecen más a consideraciones éticas y políticas que estrictamente epistemológicas. Según el teórico Eelco Runia, este narrativismo dejó de lado un fenómeno tan importante como el sentido: la presencia o materialidad de las huellas del pasado. Aunque reconoce el carácter figurativo y representativo de la historia, Runia sostiene que el pasado también se impone al historiador. Una de las formas en que esas presencias se manifiestan en el presente es, a nivel social, en monumentos, museos y conmemoraciones; estas hacen presente la ausencia del pasado. Runia afirma que la presencia y el sentido funcionan como la denotación y la connotación: «Mientras que el sentido corresponde al aspecto connotativo del arte, de la conciencia y de la vida, la presencia constituye su aspecto denotativo». Así, estas manifestaciones tienen un componente denotativo: buscan hacer presente un acontecimiento que no se quiere olvidar, cuya objetividad se afirma como un hecho compartido por todos. Por ejemplo, que una masacre tuvo lugar en cierto lugar y fecha determinados. Sin embargo, también poseen un componente connotativo, pues intentan ofrecer una interpretación del acontecimiento: ¿qué significa para nosotros? Esta materialidad de la huella no siempre es consciente. La presencia puede ser inconsciente, como un trauma que interrumpe las verdades que dábamos por sentado y nos impulsa a reescribir no solo nuestra historia personal, sino también la de las comunidades humanas. Desde esta perspectiva, el historiador no es tan libre como lo plantea White, sino que enfrenta límites que lo constriñen y donde la materia del objeto delimita las formas posibles del relato. Otro giro que atraviesa actualmente la filosofía y las ciencias humanas es el giro afectivo o emocional. Durante mucho tiempo las emociones fueron desatendidas por considerarse accesorias, cuando no nocivas para el conocimiento. Sin embargo, han sido revalorizadas por la filosofía y la psicología cognitiva, que subrayan su papel central en la cognición, hasta el punto de considerarlas íntimamente ligadas a la racionalidad. Desde esta perspectiva, el filósofo Robert Solomon llega a afirmar que, sin emociones, no puede haber racionalidad: sin ellas, la razón carecería de toda orientación. Para Solomon, las emociones son juicios que nos implican en el mundo, nos informan sobre él y poseen inteligencia propia. Forman parte integral de lo que somos, al igual que nuestros pensamientos y acciones. Por ello son educables y, en la medida en que lo son, también tienen implicaciones éticas y políticas. Somos responsables de ellas: no son meros fenómenos que nos ocurren, sino juicios sobre los cuales, al menos en parte, tenemos el poder de decidir . Así comprendidas, las emociones, lejos de ser debilidades o irracionales, constituyen formas de inteligencia encarnada. En este trabajo, el interés por las emociones es doble. Por un lado, se trata de examinar la propuesta de White a la luz de las emociones, para mostrar que lo que parecía un simple ejercicio de elección entre estrategias explicativas con consecuencias políticas puede adquirir una dimensión cognitiva si se toma en cuenta el papel de las emociones en todo relato histórico. La elección de los tropos deja entonces de ser un asunto puramente arbitrario: si las emociones son formas de implicación en el mundo, orientan la manera en que el historiador se compromete con su tarea. La elección de una estrategia o de un tropo, y el modo más o menos sutil en que se articula, revela la inteligencia del historiador. En consecuencia, habrá formas más o menos inteligentes, más o menos éticas o políticamente responsables, de implicarse en el mundo a través del relato histórico. Si, como sostiene Runia, existe un pasado inconsciente que nos determina, la tarea del historiador se complica: ¿cómo evitar el prejuicio ciego o la ignorancia de ese pasado inconsciente? La inteligencia emocional puede ser una clave para orientar el rumbo de nuestra razón y para comprender qué emociones nos son impuestas tanto por la historia de nuestras comunidades políticas como por nuestra propia historia personal. Con frecuencia nos disponemos a escribir un trabajo de maestría, sin tener del todo claro nuestros juicios emocionales y cómo estos influyen en las problemáticas y los caminos que toma nuestra investigación. Esto no implica un conocimiento claro y distinto de nuestras emociones, es necesario tener presente que existe una parte irreductible al lenguaje y a la consciencia; una presencia en términos de Runia, que puede determinarnos sin que lo sepamos. Entendidas de este modo, las emociones se convierten en una brújula para el estudio de la historia, no solo en la escritura del historiador, sino también en su comprensión a través de las épocas. Este trabajo se organiza en tres capítulos. El primero está dedicado al enfoque narrativo de la filosofía de la historia en Hayden White. Se analizan allí los tropos como modos de prefiguración (1.1), así como las distintas formas de explicación histórica que identifica: por la trama (1.2), por el argumento formal (1.3) y por la implicación ideológica (1.4). El segundo capítulo explora el giro material o el intento de recuperar un contacto con el pasado no mediado por el texto. Se estudia allí la noción de presencia del pasado en el presente (2.1), la transición de la metáfora a la metonimia (2.2), y la tensión en la escritura de la historia entre estas dos figuras (2.3). Finalmente, el tercer capítulo aborda la cuestión de las emociones y su carácter cognitivo en la historia. Este último apartado examina las emociones como juicios racionales (3.1), su dimensión moral y los desafíos éticos y políticos de la narración histórica (3.2), y propone concebirlas como una auténtica brújula para el estudio histórico (3.3).

Degree

thesis:*
Grantor dc:publisher
Pontificia Universidad Javeriana

Author and committee

dc:creator, dc:contributor.*
Author dc:creator
  • Moreno Burbano, Julio César
Advisors dc:contributor.advisor
  • Brigante Rovida, Anna Maria
  • Marmasse, Gilles

Subjects

dc:subject × 27

Rights

Language dc:language.iso
spa

Identifiers

dc:identifier.*
Handle dc:identifier.uri
http://hdl.handle.net/10554/71179

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Harvested from
Pontificia Universidad Javeriana
Base URL
repository.javeriana.edu.co/oai/request
Last updated
2026-08-21
Source record
OAI-PMH GetRecord
citation

Moreno Burbano, Julio César. Forme, présence, émotion : éléments pour une approche affective du passé. Pontificia Universidad Javeriana, http://hdl.handle.net/10554/71179