{"id":{"repo_id":"cadiz","oai_identifier":"oai:rodin.uca.es:10498/39645"},"canonical_url":"https://search.dev.ndltd.org/etd/cadiz/oai:rodin.uca.es:10498/39645","repository":{"repo_id":"cadiz","name":"Universidad de Cadiz","base_url":"https://rodin.uca.es/oai/request"},"display":{"title":"Caracterización y análisis del ambiente acústico de las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales","abstract":"La presente tesis doctoral aborda el estudio de las condiciones acústicas en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), espacios donde el silencio absoluto no es posible ni deseable, pero donde el exceso de ruido puede tener consecuencias graves en el desarrollo neurológico y sensorial de los recién nacidos. Los neonatos, especialmente los prematuros, llegan al mundo con una gran fragilidad y requieren de un entorno que acompañe su maduración fisiológica y emocional, sin embargo, en estos espacios los niveles de ruido superan ampliamente las recomendaciones internacionales, situando a los pacientes en una situación de vulnerabilidad añadida. El objetivo principal de este trabajo ha sido analizar el comportamiento acústico de diferentes UCIN, caracterizando el ruido ambiental, identificando las fuentes más relevantes y estudiando de manera específica las condiciones acústicas de las incubadoras, con el fin de proponer soluciones prácticas que contribuyan a optimizar el diseño y la gestión de estos espacios. Se ha partido de la premisa de que proyectar una UCIN no se limita a organizar puestos de incubadoras y garantizar equipamiento de última tecnología, sino que implica comprender que el ambiente en el que el neonato permanece hospitalizado durante semanas o meses forma parte del propio tratamiento. La acústica, en este sentido, no puede abordarse como un parámetro accesorio, sino como un componente esencial en la protección y desarrollo del recién nacido. Si bien no hay consenso global sobre cuáles son los niveles de ruido considerados seguros a los que debería exponerse un neonato, organismos internacionales, como las Academia Americana de Pediatría, sugieren que los niveles no deberían exceder los 45 dBA. Considerando esta referencia, los resultados obtenidos en las distintas UCIN estudiadas muestran que los niveles de ruido promedio alcanzan aproximadamente 57 dBA, excediendo ampliamente las recomendaciones. Esta situación se atribuye a diversos factores, entre ellos la presencia continua de equipos electromédicos, esenciales para la atención del neonato, la actividad constante del personal sanitario o la acumulación de alarmas, cuya gestión no siempre sigue criterios que garanticen la protección auditiva de los recién nacidos. Asimismo, se ha comprobado que las incubadoras, pese a ser espacios concebidos para proteger al neonato, no logran atenuar de manera efectiva la exposición sonora, sino que en algunos casos las amplifican. Estas condiciones comprometen tanto el descanso y desarrollo neurosensorial de los pacientes como la salud del personal, favoreciendo la fatiga auditiva, el estrés y la aparición de errores clínicos. Estos resultados refuerzan la idea de que el diseño y gestión de una UCIN deben asumir la acústica como un criterio estructural. No basta con confiar en la buena voluntad de los profesionales para reducir el ruido en su práctica diaria, se requiere un marco normativo claro, coherente y exigente que limite los niveles de ruido ambiental, las emisiones de los equipos electromédicos y la proliferación de alarmas innecesarias. Esta perspectiva normativa debe, además, ser consecuente en su redacción, no resulta coherente establecer límites permisivos en los estándares técnicos si, al mismo tiempo, se reconoce que dichos valores ponen en riesgo el correcto desarrollo neurosensorial del neonato. Más allá de los datos técnicos, esta investigación invita a reflexionar sobre una dimensión ética en la construcción y gestión de los espacios hospitalarios. El neonato no es un paciente pasivo, sino un ser activo en proceso de desarrollo, cuya fragilidad sensorial exige un entorno que le permita crecer en condiciones de protección y estabilidad. Incorporar la acústica como parte esencial del diseño arquitectónico y de los protocolos de atención supone, en última instancia, ampliar la concepción de cuidado para incluir no solo los procedimientos clínicos, sino también el modo en que se habitan y regulan estos espacios. En este sentido, reducir el ruido en las UCIN no es una meta inalcanzable, sino un desafío que trasciende lo meramente técnico y se convierte en una extensión del cuidado mismo. Integrar la acústica en la planificación arquitectónica mediante un adecuado acondicionamiento acústico, junto con la elección rigurosa de equipos electromédicos, la formación continua del personal y la definición de normas de carácter obligatorio, constituye un conjunto de acciones esenciales para garantizar un entorno protector para estos pacientes. Solo así será posible crear un ambiente sensorialmente regulado, capaz de sostener el desarrollo neurológico, lingüístico y emocional de los recién nacidos más vulnerables, al tiempo que mejora la calidad asistencial y la salud ocupacional de quienes los cuidan.","abstract_html":"La presente tesis doctoral aborda el estudio de las condiciones acústicas en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), espacios donde el silencio absoluto no es posible ni deseable, pero donde el exceso de ruido puede tener consecuencias graves en el desarrollo neurológico y sensorial de los recién nacidos. Los neonatos, especialmente los prematuros, llegan al mundo con una gran fragilidad y requieren de un entorno que acompañe su maduración fisiológica y emocional, sin embargo, en estos espacios los niveles de ruido superan ampliamente las recomendaciones internacionales, situando a los pacientes en una situación de vulnerabilidad añadida. 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Estas condiciones comprometen tanto el descanso y desarrollo neurosensorial de los pacientes como la salud del personal, favoreciendo la fatiga auditiva, el estrés y la aparición de errores clínicos. Estos resultados refuerzan la idea de que el diseño y gestión de una UCIN deben asumir la acústica como un criterio estructural. No basta con confiar en la buena voluntad de los profesionales para reducir el ruido en su práctica diaria, se requiere un marco normativo claro, coherente y exigente que limite los niveles de ruido ambiental, las emisiones de los equipos electromédicos y la proliferación de alarmas innecesarias. Esta perspectiva normativa debe, además, ser consecuente en su redacción, no resulta coherente establecer límites permisivos en los estándares técnicos si, al mismo tiempo, se reconoce que dichos valores ponen en riesgo el correcto desarrollo neurosensorial del neonato. Más allá de los datos técnicos, esta investigación invita a reflexionar sobre una dimensión ética en la construcción y gestión de los espacios hospitalarios. El neonato no es un paciente pasivo, sino un ser activo en proceso de desarrollo, cuya fragilidad sensorial exige un entorno que le permita crecer en condiciones de protección y estabilidad. Incorporar la acústica como parte esencial del diseño arquitectónico y de los protocolos de atención supone, en última instancia, ampliar la concepción de cuidado para incluir no solo los procedimientos clínicos, sino también el modo en que se habitan y regulan estos espacios. En este sentido, reducir el ruido en las UCIN no es una meta inalcanzable, sino un desafío que trasciende lo meramente técnico y se convierte en una extensión del cuidado mismo. 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Se ha partido de la premisa de que proyectar una UCIN no se limita a organizar puestos de incubadoras y garantizar equipamiento de última tecnología, sino que implica comprender que el ambiente en el que el neonato permanece hospitalizado durante semanas o meses forma parte del propio tratamiento. La acústica, en este sentido, no puede abordarse como un parámetro accesorio, sino como un componente esencial en la protección y desarrollo del recién nacido. Si bien no hay consenso global sobre cuáles son los niveles de ruido considerados seguros a los que debería exponerse un neonato, organismos internacionales, como las Academia Americana de Pediatría, sugieren que los niveles no deberían exceder los 45 dBA. Considerando esta referencia, los resultados obtenidos en las distintas UCIN estudiadas muestran que los niveles de ruido promedio alcanzan aproximadamente 57 dBA, excediendo ampliamente las recomendaciones. Esta situación se atribuye a diversos factores, entre ellos la presencia continua de equipos electromédicos, esenciales para la atención del neonato, la actividad constante del personal sanitario o la acumulación de alarmas, cuya gestión no siempre sigue criterios que garanticen la protección auditiva de los recién nacidos. Asimismo, se ha comprobado que las incubadoras, pese a ser espacios concebidos para proteger al neonato, no logran atenuar de manera efectiva la exposición sonora, sino que en algunos casos las amplifican. Estas condiciones comprometen tanto el descanso y desarrollo neurosensorial de los pacientes como la salud del personal, favoreciendo la fatiga auditiva, el estrés y la aparición de errores clínicos. Estos resultados refuerzan la idea de que el diseño y gestión de una UCIN deben asumir la acústica como un criterio estructural. No basta con confiar en la buena voluntad de los profesionales para reducir el ruido en su práctica diaria, se requiere un marco normativo claro, coherente y exigente que limite los niveles de ruido ambiental, las emisiones de los equipos electromédicos y la proliferación de alarmas innecesarias. Esta perspectiva normativa debe, además, ser consecuente en su redacción, no resulta coherente establecer límites permisivos en los estándares técnicos si, al mismo tiempo, se reconoce que dichos valores ponen en riesgo el correcto desarrollo neurosensorial del neonato. Más allá de los datos técnicos, esta investigación invita a reflexionar sobre una dimensión ética en la construcción y gestión de los espacios hospitalarios. El neonato no es un paciente pasivo, sino un ser activo en proceso de desarrollo, cuya fragilidad sensorial exige un entorno que le permita crecer en condiciones de protección y estabilidad. Incorporar la acústica como parte esencial del diseño arquitectónico y de los protocolos de atención supone, en última instancia, ampliar la concepción de cuidado para incluir no solo los procedimientos clínicos, sino también el modo en que se habitan y regulan estos espacios. En este sentido, reducir el ruido en las UCIN no es una meta inalcanzable, sino un desafío que trasciende lo meramente técnico y se convierte en una extensión del cuidado mismo. Integrar la acústica en la planificación arquitectónica mediante un adecuado acondicionamiento acústico, junto con la elección rigurosa de equipos electromédicos, la formación continua del personal y la definición de normas de carácter obligatorio, constituye un conjunto de acciones esenciales para garantizar un entorno protector para estos pacientes. Solo así será posible crear un ambiente sensorialmente regulado, capaz de sostener el desarrollo neurológico, lingüístico y emocional de los recién nacidos más vulnerables, al tiempo que mejora la calidad asistencial y la salud ocupacional de quienes los cuidan.","This doctoral thesis explores the acoustic environment of Neonatal Intensive Care Units (NICUs), settings in which absolute silence is neither feasible nor desirable, yet where excessive noise can have profound implications for the neurological and sensory development of newborn infants. These infants, particularly those born prematurely, enter the world in a state of extreme fragility and require an environment that nurtures both their physiological and emotional growth. Unfortunately, the noise levels commonly observed in such units frequently surpass international guidelines, placing patients in a situation of added vulnerability. The primary objective of this study was to analyse the acoustic behaviour of various NICUs, characterising environmental noise, identifying the most significant sources, and examining in detail the acoustic conditions within incubators, with the aim of proposing practical measures to optimise the design and management of these spaces. This work was founded on the premise that designing a NICU involves far more than the arrangement of incubator stations or the provision of state-of-the-art equipment; it requires recognition that the environment in which a newborn remains for weeks or months constitutes an integral part of their treatment. In this context, acoustics cannot be treated as a peripheral concern, but must be regarded as an essential element in safeguarding and supporting the development of the infant. Although there is no global consensus on what noise levels are considered safe for newborns, international organisations such as the American Academy of Paediatrics suggest that levels should not exceed 45 dBA. Considering this reference, the results obtained in the different NICUs studied show that average noise levels reach approximately 57 dBA, far exceeding the recommendations. This situation is attributed to various factors, including the continuous presence of electromedical equipment, essential for neonatal care, the constant activity of healthcare personnel, and the accumulation of alarms, the management of which does not always follow criteria that guarantee the hearing protection of newborns. It has also been found that incubators, despite being designed to protect newborns, do not effectively attenuate sound exposure, but in some cases amplify it. These conditions compromise both the rest and neurosensory development of patients and the health of staff, promoting auditory fatigue, stress, and the occurrence of clinical errors. These results reinforce the idea that the design and management of a NICU must treat acoustics as a fundamental structural consideration. It is insufficient to rely solely on the conscientious efforts of healthcare professionals to minimise noise in daily practice, a clear, consistent, and rigorous regulatory framework is necessary to control environmental noise levels, limit emissions from electromedical equipment, and prevent the proliferation of unnecessary alarms. Such a regulatory approach must also be coherent in its formulation; it is contradictory to establish permissive limits in technical standards while simultaneously acknowledging that these values may jeopardise the proper neurosensory development of newborns. Beyond the technical findings, this research invites reflection on the ethical dimension of designing and managing hospital environments. Newborns are not passive patients, but active beings in the process of development, whose sensory fragility requires an environment that allows them to grow in conditions of protection and stability. Treating acoustics as an integral element of both architectural design and care protocols therefore broadens the very concept of care, encompassing not only clinical procedures but also the manner in which these spaces are experienced and regulated. In this context, reducing noise in NICUs is not an unattainable objective, but rather a challenge that extends beyond purely technical considerations to become an integral aspect of care itself. Integrating acoustics into architectural planning through appropriate acoustic conditioning, together with the careful selection of electromedical equipment, ongoing staff training, and the establishment of mandatory standards, constitutes a set of essential actions to ensure a protective environment for these patients. Only then will it be possible to create a sensorially regulated environment capable of supporting the neurological, linguistic, and emotional development of the most vulnerable newborns, while improving the quality of care and occupational health of those who care for them."]},{"key":"dc:format","label":"Dc Format","values":["application/pdf"]},{"key":"dc:title","label":"Title","values":["Caracterización y análisis del ambiente acústico de las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales"]}]}],"canonical_facts":{"dc:contributor.advisor":["Hernández Molina, Ricardo","Beira Jiménez, Juan Luis"],"dc:contributor.other":["Ingeniería Eléctrica","Máquinas y Motores Térmicos"],"dc:creator":["Rodríguez Montaño, Víctor Manuel"],"dc:date.accessioned":["2026-05-22T11:31:06Z"],"dc:date.available":["2026-05-22T11:31:06Z"],"dc:date.issued":["2026"],"dc:description.abstract":["La presente tesis doctoral aborda el estudio de las condiciones acústicas en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), espacios donde el silencio absoluto no es posible ni deseable, pero donde el exceso de ruido puede tener consecuencias graves en el desarrollo neurológico y sensorial de los recién nacidos. Los neonatos, especialmente los prematuros, llegan al mundo con una gran fragilidad y requieren de un entorno que acompañe su maduración fisiológica y emocional, sin embargo, en estos espacios los niveles de ruido superan ampliamente las recomendaciones internacionales, situando a los pacientes en una situación de vulnerabilidad añadida. El objetivo principal de este trabajo ha sido analizar el comportamiento acústico de diferentes UCIN, caracterizando el ruido ambiental, identificando las fuentes más relevantes y estudiando de manera específica las condiciones acústicas de las incubadoras, con el fin de proponer soluciones prácticas que contribuyan a optimizar el diseño y la gestión de estos espacios. Se ha partido de la premisa de que proyectar una UCIN no se limita a organizar puestos de incubadoras y garantizar equipamiento de última tecnología, sino que implica comprender que el ambiente en el que el neonato permanece hospitalizado durante semanas o meses forma parte del propio tratamiento. La acústica, en este sentido, no puede abordarse como un parámetro accesorio, sino como un componente esencial en la protección y desarrollo del recién nacido. Si bien no hay consenso global sobre cuáles son los niveles de ruido considerados seguros a los que debería exponerse un neonato, organismos internacionales, como las Academia Americana de Pediatría, sugieren que los niveles no deberían exceder los 45 dBA. Considerando esta referencia, los resultados obtenidos en las distintas UCIN estudiadas muestran que los niveles de ruido promedio alcanzan aproximadamente 57 dBA, excediendo ampliamente las recomendaciones. Esta situación se atribuye a diversos factores, entre ellos la presencia continua de equipos electromédicos, esenciales para la atención del neonato, la actividad constante del personal sanitario o la acumulación de alarmas, cuya gestión no siempre sigue criterios que garanticen la protección auditiva de los recién nacidos. Asimismo, se ha comprobado que las incubadoras, pese a ser espacios concebidos para proteger al neonato, no logran atenuar de manera efectiva la exposición sonora, sino que en algunos casos las amplifican. Estas condiciones comprometen tanto el descanso y desarrollo neurosensorial de los pacientes como la salud del personal, favoreciendo la fatiga auditiva, el estrés y la aparición de errores clínicos. Estos resultados refuerzan la idea de que el diseño y gestión de una UCIN deben asumir la acústica como un criterio estructural. No basta con confiar en la buena voluntad de los profesionales para reducir el ruido en su práctica diaria, se requiere un marco normativo claro, coherente y exigente que limite los niveles de ruido ambiental, las emisiones de los equipos electromédicos y la proliferación de alarmas innecesarias. Esta perspectiva normativa debe, además, ser consecuente en su redacción, no resulta coherente establecer límites permisivos en los estándares técnicos si, al mismo tiempo, se reconoce que dichos valores ponen en riesgo el correcto desarrollo neurosensorial del neonato. Más allá de los datos técnicos, esta investigación invita a reflexionar sobre una dimensión ética en la construcción y gestión de los espacios hospitalarios. El neonato no es un paciente pasivo, sino un ser activo en proceso de desarrollo, cuya fragilidad sensorial exige un entorno que le permita crecer en condiciones de protección y estabilidad. Incorporar la acústica como parte esencial del diseño arquitectónico y de los protocolos de atención supone, en última instancia, ampliar la concepción de cuidado para incluir no solo los procedimientos clínicos, sino también el modo en que se habitan y regulan estos espacios. En este sentido, reducir el ruido en las UCIN no es una meta inalcanzable, sino un desafío que trasciende lo meramente técnico y se convierte en una extensión del cuidado mismo. Integrar la acústica en la planificación arquitectónica mediante un adecuado acondicionamiento acústico, junto con la elección rigurosa de equipos electromédicos, la formación continua del personal y la definición de normas de carácter obligatorio, constituye un conjunto de acciones esenciales para garantizar un entorno protector para estos pacientes. Solo así será posible crear un ambiente sensorialmente regulado, capaz de sostener el desarrollo neurológico, lingüístico y emocional de los recién nacidos más vulnerables, al tiempo que mejora la calidad asistencial y la salud ocupacional de quienes los cuidan.","This doctoral thesis explores the acoustic environment of Neonatal Intensive Care Units (NICUs), settings in which absolute silence is neither feasible nor desirable, yet where excessive noise can have profound implications for the neurological and sensory development of newborn infants. These infants, particularly those born prematurely, enter the world in a state of extreme fragility and require an environment that nurtures both their physiological and emotional growth. Unfortunately, the noise levels commonly observed in such units frequently surpass international guidelines, placing patients in a situation of added vulnerability. The primary objective of this study was to analyse the acoustic behaviour of various NICUs, characterising environmental noise, identifying the most significant sources, and examining in detail the acoustic conditions within incubators, with the aim of proposing practical measures to optimise the design and management of these spaces. This work was founded on the premise that designing a NICU involves far more than the arrangement of incubator stations or the provision of state-of-the-art equipment; it requires recognition that the environment in which a newborn remains for weeks or months constitutes an integral part of their treatment. In this context, acoustics cannot be treated as a peripheral concern, but must be regarded as an essential element in safeguarding and supporting the development of the infant. Although there is no global consensus on what noise levels are considered safe for newborns, international organisations such as the American Academy of Paediatrics suggest that levels should not exceed 45 dBA. Considering this reference, the results obtained in the different NICUs studied show that average noise levels reach approximately 57 dBA, far exceeding the recommendations. This situation is attributed to various factors, including the continuous presence of electromedical equipment, essential for neonatal care, the constant activity of healthcare personnel, and the accumulation of alarms, the management of which does not always follow criteria that guarantee the hearing protection of newborns. It has also been found that incubators, despite being designed to protect newborns, do not effectively attenuate sound exposure, but in some cases amplify it. These conditions compromise both the rest and neurosensory development of patients and the health of staff, promoting auditory fatigue, stress, and the occurrence of clinical errors. These results reinforce the idea that the design and management of a NICU must treat acoustics as a fundamental structural consideration. It is insufficient to rely solely on the conscientious efforts of healthcare professionals to minimise noise in daily practice, a clear, consistent, and rigorous regulatory framework is necessary to control environmental noise levels, limit emissions from electromedical equipment, and prevent the proliferation of unnecessary alarms. Such a regulatory approach must also be coherent in its formulation; it is contradictory to establish permissive limits in technical standards while simultaneously acknowledging that these values may jeopardise the proper neurosensory development of newborns. Beyond the technical findings, this research invites reflection on the ethical dimension of designing and managing hospital environments. Newborns are not passive patients, but active beings in the process of development, whose sensory fragility requires an environment that allows them to grow in conditions of protection and stability. Treating acoustics as an integral element of both architectural design and care protocols therefore broadens the very concept of care, encompassing not only clinical procedures but also the manner in which these spaces are experienced and regulated. In this context, reducing noise in NICUs is not an unattainable objective, but rather a challenge that extends beyond purely technical considerations to become an integral aspect of care itself. 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